Ella huele rico, huele a pecado,
juro que se perfuma a tentación,
vestida de colores opacos con labios radiantes;
ojos violeta que se alimentan de tu alma,
al mirarla no hay dios que te pueda salvar de tus alimañas.

Camina como si domara panteras negras,
cada pronunciación son mariposas obscenas
que te hipnotizan, te elevan como si no hubiera ley de gravedad;
ella se baña en lujuria y vanidad,
no hay ningún varón que se pueda aproximar.

No hay ninguno que gane la batalla,
ni mujer que se resista a su esbelta presencia;
sobre ella duerme una maldición:
el único mortal que puede desnudar su alma,
no sabe que tiene el poder de hacerlo.

Ella juega con el cruel destino,
mientras el inocente vive con la imaginación,
el no la entiende, no hablan el mismo lenguaje;
el comprende el amor, la paciencia y los detalles,
ella sabe de la diversión y satisfacer sus caprichos banales.

La vida juega con ambos,
ninguno tiene ventajas de amar
ni ser amados;
su contradicción es embriagante
al placer del instante en que se juntan.