Un libro con una historia bastante interesante y original. Trata de la historia de Toscano, después de morir en su trabajo. Un agente lo ayuda y orienta sobre como llegar al ultimo nivel del paraíso y  de como convencer a Dios para que lo vuelva a la vida. Una historia que me puso a pensar sobre la vida, tiene un buen punto de vista sobre ella. Un libro fácil de leer, capítulos cortos con palabras sencillas dando el mensaje sin titubear.

50 notas/fragmentos destacados


“Mi único don, si es que se le puede llamar así, sería el don de la observación. Creo que soy bueno en recopilar datos e interpretarlos para extraer un patrón, tal y como haría un científico experto en esta disciplina a la que llamamos vida. Hablando de vida, me he enamorado tantas veces como me lo ha permitido mi autoestima. He cicatrizado tantas veces como me lo ha permitido la piel.”

“Por otra parte, los niños son muy crueles, eso lo sabemos todos. Pero es que con los años, lo único que aprendemos es a disfrazar la crueldad. A la burla, cuando le añades unos añitos, se le llama discriminación; a la gamberrada, violencia; al patio, ocio; a los deberes, marrones; al bocadillo, café; al profesor, jefe; a las notas, salario; a la pizarra, proyector; y al acoso, acoso.”

“Un día, ese día que siempre llega, el típico listillo te cuenta que si la vida te da limones, pues que hagas limonada.”

“Por qué será que cuando te dicen que hay que probar muchos limones, en realidad te están invitando a desaparecer del mundo hasta que no consigas tu primera gran naranja. Y eso sí, si jamás tienes la suerte de conseguirla, más
“La sensación le recordó a cuando se miraba en el espejo durante demasiado tiempo. Al principio, siempre se daba por visto. Todo lo que contemplaba era lo que ya suponía. Pero suponerse es siempre mentira, más que nada porque se corre el serio peligro de pasar por alto la inefable acción de ese cincel invisible al que llamamos tiempo.”

“Porque amar en silencio no es nada. Porque quien ama en secreto, muere en soledad. «Mal momento para aprender una gran lección», pensó. ¿Y cómo sabía que era una gran lección? Porque las grandes lecciones son las que llegan en los peores momentos.”

“He estado ahí cada vez que te jugabas la vida, pero también cada vez que hacías que vivirla mereciese la pena. He estado ahí cada vez que aprendías a valorar lo importante, pero también cuando lo acababas confundiendo siempre con lo simplemente urgente. Y ahora me preguntas quién soy.”

“Este es el principio del olvido y el final de todos los recuerdos.”

“—Recurrió a nosotros, los únicos profesionales que podíamos salvarle el culo. Toscano dejó de mirar a Max para lanzar la pregunta con miedo: —¿Mercenarios? —Peor. —¿Abogados? —Toscano no pudo evitar mezclar su miedo con cierto tono de asco. —Aún peor. —¿Políticos? —preguntó Toscano, y a su miedo asqueroso le añadió unos gramos de pena. —Muchísimo peor. —No sé… peor que políticos, me rindo… —Publicistas.”

“Sí, cada vez que entra en el cielo alguien que no debería haber entrado, todos los vivos pierden la concentración a la vez. Lo notan especialmente los lectores. Si justo en ese momento estás leyendo un libro, un periódico, o lo que sea, de pronto te das cuenta de que llevas varias páginas pasando de puntillas sobre sus líneas, acariciando palabras con la mirada como quien acaricia espigas de trigo, pero con tu mente literalmente en otro sitio, en otras cosas que poco o nada tienen que ver con lo que estás leyendo.”

“—Pues ahí está, no te obsesionaba. Aquí, lo que recuerdas es todo lo que eres, y lo que eres, en parte, es lo que alguna vez te obsesionó. De ahí que lo que no recuerdas no exista, como tu culo. Tu memoria es lo único que te has traído, y más te vale cuidarla, porque la necesitamos, es lo único de lo que disponemos para conseguir llevarte hasta el Presi.”

“Para empezar, ya se conocían del trabajo. Buscarle el glamour a alguien a quien ves todos los días insuflándose café en vena, con la legaña aún puesta, no tiene mérito, tiene delito tipificado, concretamente incesto laboral. Es una ley universal muy poco escrita para lo mucho que se practica: las relaciones que nacen sin misterio mueren todas sin miramiento ni compasión.”

“las probabilidades de éxito de una primera cita son inversamente proporcionales a la cantidad de expectativas puestas en ella.”

“Por la calle del olvido vagan tu sombra y la mía cada una en una acera por las cosas de la vida por la calle del olvido donde nunca brilla el día condenados a una noche tan oscura como el día.”

“—Eres un adicto al olvido, Toscano. Aquí somos todos adictos al olvido. Y si llegamos hasta este punto es para recordar, aunque sea solo lo que haya valido la pena.”

“Recuerdo que tenía una vida asquerosa, aburrida e insípida, enamorado de una tipa que ni siquiera me dirigía la palabra. Pero como mínimo tenía una vida”

“—Estamos hechos de relaciones, Toscano. Son nuestras relaciones las que nos configuran como individuos. Relaciones con nuestros padres, con nuestros amigos, con nuestras parejas. Lo único que hace de nuestra vida una experiencia humana única e irrepetible. Toscano tomó otro trago. —Vale. ¿Y? —Si no eres capaz de describir tu vida en clave de tus relaciones, eso es que tu existencia no ha servido más que para consumir pañales, recursos y energía. Si no eres capaz de narrarte y ser narrado, ¿quién te asegura a ti que alguna vez has existido? Y si jamás has existido, ya me dirás para qué tomarse la molestia de reservarte un lugar en el cielo.”

“La primera derrota agridulce fue encontrar la respuesta ingeniosa al día siguiente, la segunda derrota agridulce fue comprobar que tú eras tan zorra como decía la gente.”

“—Seamos sinceros. La tolerancia está sobrevalorada. Llevada al extremo, es la peor clase de indiferencia. La que incluye unas gotas de hipocresía y varios kilos de desafección. Si lo toleras todo, eso es que nadie te importa. Y no hay NADA más detestable que la indolencia vital.”

“—Bueno, seguimos siendo demasiado literales, falta un poco de poesía, igual una metáfora, algo de ritmo picadito, restarle crudeza, ocultar algo de resentimiento y habría que insertar también algún tipo de moraleja, algo que demuestre qué has aprendido con la historia, pero vamos muy bien, Toscano.”

“Mírame bien porque esto que ves no es una sola persona. Mírame a fondo porque aquí están todas las que me amaron y a las que alguna vez amé. Ellas me han hecho quien soy. Ellas me han querido, me han dejado y me han dejado dejarlas. Ellas me han arrastrado por todos los estados del corazón, y, gracias a ellas, hoy conozco muy bien los cuatro elementos de la materia afectiva: enamorarse, estar enamorado, querer y amar.”

“¿Quién no ha sido nunca pirómano por amor? ¿Quién no ha fingido poder controlarlo? ¿Quién no ha negado lo que era evidente?”

“Sin embargo, como ya nos advirtió el diplomático, la tristeza no tiene fin y la felicidad sí. O sea, que el que ríe el último, ríe mejor.”

“Pasaron los días, se fue acumulando la pereza bajo la tupida y pesada alfombra de la rutina y, poco a poco, ella se fue dando cuenta de que ya no reían como antes. Cada vez lo hacían con menos frecuencia y, para qué engañarse, de peor calidad. Se sabían las bromas de memoria, y cuando ríes de memoria, la carcajada ya nunca vuelve a ser ni fresca ni espontánea.”

“Fue entonces cuando Paula acudió a su madre en busca de lo que buscamos todos a partir de los treinta si acudimos a una madre: respuestas aparentemente sencillas a problemas aparentemente complejos. Le preguntó si ella y papá reían como antes. Y fue la respuesta de su madre la que la empujó a tomar una decisión.”

“Las noches que contienen sueños son noches que duran días. Noches en las que el verbo descansar no se conjuga. Además, siempre he pensado que somos tramívoros, animales que se alimentan de tramas propias y ajenas. Por eso, ante la ingestión de cualquier historia, y su posterior digestión, con sus correspondientes dosis de ilusión, decepción, aburrimiento, rabia y expectación, podemos llegar a mantenernos despiertos y en vilo durante horas, incluso mientras parecemos seguir plácidamente dormidos.”

“Pero lo que siempre tienen en común todos mis sueños es que se atreven a fusionar los átomos de cualquier materia, sin complejos ni concesiones. Mezclan el agua de mi presente con el aceite de mi pasado y lo proyectan hacia un futuro surrealista como quien no quiere la cosa, importándoles muy poco mi opinión, el respeto a la física cuentista o la coherencia de la química orgásmica. Son lo más parecido a un guionista loco, fumado, sindicalista y mal pagado. Y como a todo sindicalista, a este tampoco se le puede despedir.”

“lo que sí sabía era que si la obsesión lo podía todo en vida, en muerte no iba a ser menos.”

“—Qué fuerte. Ahora que prefería enterrar mi identidad, tú me recuerdas cómo me llamo.”

“Pero es que, en ocasiones, la nostalgia es tan caprichosa que no necesita argumentos para doler. Se pueden echar de menos amores que jamás ocurrieron. Se pueden extrañar situaciones que no llegaron a pasar. De hecho, si nunca te ha ocurrido, eso es que nunca has querido por encima de tus posibilidades. Y si no has querido por encima de tus posibilidades, tu corazón no ha pasado de ser un órgano muscular hueco que impulsa sangre. »Eso es lo que pasa, Max. Que la echo de menos. En toda su ausencia. Hasta decir basta. Añoro esos paseos que nunca dimos por el parque. Añoro esos besos que jamás me dio. Esas risas tontas que no nos echamos. Esa canción que nunca escuchamos juntos después de no hacer el amor. »Tengo que volver con ella antes de morirme del todo, Max.”

“Me sentía muy triste, muy vacío… y muy seco. Llegué a pensar que era una mala persona por no llorar por alguien tan importante para mí. Como si no lo hubiera querido.”

“Porque fue aquel día cuando descubrí que las lágrimas se derraman, Max. No se caen, ni se tiran, ni se vierten. Se derraman. Como si se hubieran estado acumulando a lo largo de los años en las vasijas invisibles del querer.”

“Recuerdo que no podía llorar, porque el cuerpo inerte de mi madre ya no era mi madre. Era una señora que se le parecía mucho, estirada y con los ojos cerrados, pero le faltaban justo las tres cosas que hacían que una señora cualquiera se convirtiese en mi madre: sus ademanes, sus tics y sus gestos. Ese día descubrí que la muerte consistía precisamente en eso, en el cese de todo movimiento. «De ahí la cantidad de muertos que hacen como que viven», pensé. Y de ahí que, más que triste, estuviese intrigado. Si mi madre no estaba allí, ¿dónde estaba? ¿A dónde se había llevado tanto amor desinteresado, tantas horas dedicadas sin recompensa alguna, tanta preocupación? Porque el día que se ó mi madre se fue la única persona que se preocupaba por mí, dejándome un poco más solo ante todo lo que viniese, que desde entonces siempre sería peor que lo que se había ido.”

“Con el paso de los años, mi corazón se fue llenando de vacíos, a mis recuerdos les aguijonearon las ausencias, pero mis lagrimales siguieron sin echar ni gota ni gota. Por mucho que me abandonaran, me dejaran, me humillaran y me hicieran daño, a mí me seguía siendo imposible sacar mis emociones a través de los ojos. Y lo que es peor, gracias a mis sucesivas rupturas sentimentales, descubrí que la tristeza era la madre de toda empatía y que si no eras capaz de comunicar la primera, resultaba casi imposible compartir la segunda. Si hay algo más triste que estar triste es estarlo y no parecerlo.”

“Entre tanta ida y venida, conocí casi todas las edades de la soledad, me salió un callo justo donde palpitan las emociones y me fue cada vez más difícil demostrar lo mucho que me dolía seguir sufriendo.”

“—Y yo que pensaba que lo más importante era saber para qué vivimos… —Eso no tiene mucho misterio, vivimos para dejar recuerdos, Toscano. Es nuestra única misión en la vida. Recuerdos que luego inspirarán la vida de otros. Vidas que a veces llegamos incluso a engendrar, pero eso es circunstancial, porque no siempre ocurre. Al final, una persona que no deja recuerdos es una persona que, a efectos morales y emocionales, jamás nació.”

“Hace tiempo que las decisiones vitales, las más importantes, como respirar, latir, enamorarse o morir, las lleváis a cabo vosotros, sí, pero sin la caprichosa y engorrosa intercesión de vuestra voluntad.”

“Quizás te acuerdes de mí, me colé el otro día en uno de tus sueños, y aunque tú no lo sepas, sigues siendo mi huésped cada noche en todos y cada uno de los míos.”

“La edad de los lugares se mide en las experiencias que hemos vivido en ellos. Hay sitios que no envejecen, porque nunca nos ha pasado nada allí. Y por el contrario, hay lugares que mueren enseguida, en cuanto pasamos de etapa y los matamos de olvido.”

“—Ser romántico no tiene nada que ver con cenar a la luz de las velas y recitar versos de Neruda bajo la luna llena. Eso es cursilería, pero no romanticismo. El verdadero romanticismo consiste en ser incoherente con alguno de tus principios, romperlos y traicionarlos de cabo a rabo, y hacerlo todo por amor a alguien. —Bueno, entonces quizás sí, algo soy. —Algo no, mucho. Piensa que la gente más peligrosa que te puedes llegar a encontrar es justo todo lo contrario, gente extremadamente coherente, individuos que, por encima de cualquier otro valor, anteponen siempre la fuerza de lo que pensaron o hicieron en el pasado a lo que piensan u ocurre en el presente. El fundamentalista es un tipo de lo más coherente. Pero también el genocida. Y el asesino en serie, ya no digamos.”

“—Lo digo en serio, Max. Hasta ahora, al menos todo era previsible. Familia, pareja, éxito y coraje. Cuatro razones por las que vale la pena vivir, cuatro motivos por los que valdría la pena haber muerto. Sin embargo, la incoherencia… ya me dirás tú qué puede haber de deseable en la incoherencia… Simplemente, no lo entiendo”

“Mira, para empezar, la gente que no se ha llevado nunca la contraria es gente que cree que jamás se ha equivocado, cosa que, como comprenderás, no es ni sano ni recomendable ni muchísimo menos verdadero.”

“lugar, esa misma gente que adora la coherencia es impermeable a cualquier novedad que pueda hacerle cambiar de criterio, y si algo tiene la realidad esta que nos rodea, es que nos bombardea con nuevos y refrescantes datos a cada segundo, minúsculas invitaciones a replantearnos lo que creíamos saber. ¿Me sigues, Toscano?”

“Frente a un amor aristotélico y empírico, basado en la observación, el dato y la experiencia, la vida se encarga de enseñarnos que cualquier amor que se precie comienza siendo, de algún u otro modo, intuitivo y, por lo tanto, platónico. Frases como «tenemos tanto en común», «estamos hechos el uno para el otro» o «eres todo lo que siempre busqué» se han convertido en expresiones aceptadas y populares, pero no por ello dejan de ser tramposas, engañosas y falsas. Nos han vendido un amor por secuencias solo de seducción que juntas jamás duran más de noventa minutos. La vida dura algo más de noventa minutos. Para bien y para mal. Y la verdad es que las cosas no se rigen por ese metraje. Las decisiones más trascendentales y maravillosas de esta vida funcionan pura y simplemente por intuición. Luego las racionalizamos, las convertimos en modelo y, lo peor, tratamos de replicarlas. Pero no es así. El azar es a los hechos lo que la intuición a las personas. Una fuerza incontrolable que domina y zarandea nuestras vidas, las hace imprevisibles y, por suerte, algo interesantes, pero que, afortunadamente, escapa a la razón.”

“—No pasa nada, Max, estoy acostumbrado. La vida entera es un plan B. Nos obligan a estudiar para hacer algo provechoso, en vez de dedicarnos a algo que nos fascine. Porque la fascinación, como la pasión y como la vocación y como todas las agudas acabadas en «-ón», estarían en el plan A, ese que nunca es rentable, ese con el que jamás te ganarías la vida. Y luego está lo que realmente hacemos, aquello a lo que nos dedicamos, que casi nunca es aquello que realmente queremos hacer. Max miraba alucinado a Toscano, que siguió hablando. —Dedicación, qué palabra tan bella y, a la vez, tan prostituida. Lennon ya lo puso en forma de canción: la vida es todo aquello que pasa mientras tú te dedicas a otras cosas. Y es que vivimos en un plan B eterno y blindado anhelando acceder al plan A que vemos en cualquier pantalla, ese que siempre fue imposible, ese al que continuamente llegamos tarde.”

“El que duda de sí mismo, para empezar, y de los demás, para continuar, es SIEMPRE el que está más cerca de la Verdad y el que al final hace que la humanidad avance. Descartes fue un gran dudólogo. Y también Darwin. Y santo Tomás. Y Freud. Y Popper. Y cualquier científico que se precie.”