Una historia que cuenta historias. Un libro con una historia triste de como un niño lleva el peso de la enfermedad de su madre, la ausencia de su padre y la convivencia con su abuela estricta. Una historia de como crecemos en la vida y como llevamos las situaciones triste de está. Un libro que definitivamente, no lo recomiendo; un libro triste y hermosamente escrito. Si quieres llorar o estas pasando una situación con un familiar de vida o muerte, arriesgate a leerlo.

68 notas/fragmentos destacados


“Crecer da miedo. Mucho miedo. Conor, el protagonista de la historia que tienes en tus manos, está tan asustado de hacerse mayor que ya no le dan miedo los monstruos que se le aparecen a medianoche. Más bien al contrario. Tiene tanto miedo que no quiere que los monstruos le dejen solo. No quiere estar solo.”

“No se cumplen trece años y a partir de ahí eres un adulto. Cumplir años es envejecer, crecer es otra cosa. Es darse cuenta de que la vida no es lo que te esperas. No es justa, ni predecible, ni controlable. Es comprobar que a veces se gana y otras se pierde. Y sobre todo, que a veces se gana y se pierde al mismo tiempo. Crecer es aceptar la incertidumbre.”

“El gran valor de la pirueta de Ness yace en su capacidad para demostrar que la fantasía no sólo explica mejor nuestra realidad sino que es la mejor forma de articular la verdad.”

“El monstruo apareció pasadas las doce de la noche. Como hacen todos los monstruos.”

“Lo que sucedía en la pesadilla no tenía por qué saberlo nadie.”

“Sintió una oleada de pánico, se le encogieron las tripas. ¿Lo había seguido? ¿Había conseguido salir de la pesadilla y…? «No seas idiota —se dijo—. Eres mayor para creer en monstruos.»”

“No quería levantarse a mirar. Y, a la vez, una parte de él lo deseaba más que nada en el mundo.”

“«Un monstruo», pensó Conor. Un monstruo tan real como la vida misma. En la vida real, despierto. No en un sueño, sino allí, en su ventana.”

“—Vale, cariño —dijo ella, y fue tambaleándose hasta donde él estaba para besarlo en la frente—. Eres muy bueno —dijo de nuevo—. Ojalá no tuvieras que ser tan bueno.”

“No habían llegado a ser lo que se dice amigos (Harry en realidad no tenía amigos, solo seguidores; Anton y Sully se limitaban a estar siempre detrás de él y a reírle todas las gracias), pero tampoco habían sido enemigos.”

“A Conor se le contrajo el estómago como si tuviera dentro una bola de fuego, un sol en miniatura que le quemara las entrañas, pero antes de que tuviera tiempo de reaccionar, Lily se le adelantó.”

“—No es mi problema. —Pero tú tienes la culpa. Conor se paró de pronto y se volvió hacia ella. Tenía tal expresión de enfado que la chica se echó para atrás, sorprendida, casi como si tuviera miedo. —La culpa es tuya —dijo—. Tuya y solo tuya. Conor salió disparado calle abajo. —¡Antes éramos amigos! —gritó Lily detrás de él. —Antes —dijo Conor sin darse la vuelta.”

“No penséis que no habéis vivido lo bastante como para no tener una historia que contar.”

“—¿Te ayudo? —le preguntó Conor desde la cama. —No, cariño —dijo ella con voz muy débil—. A estas alturas ya me he acostumbrado. Eso era lo malo. Conor también se había acostumbrado.”

“—Ábreme —dijo el monstruo: su voz sonó clara, como si la ventana no mediara entre los dos—. Quiero hablar contigo. —Sí, claro —dijo Conor sin levantar la voz—. Eso es lo que siempre quieren los monstruos. Hablar.”

“—Es solo un sueño —dijo otra vez. —Pero ¿qué es un sueño, Conor O’Malley? —El monstruo bajó la cabeza hasta la cara de Conor—. ¿Quién dice que no es todo lo demás lo que es un sueño?”

“—¿La verdad? —No una verdad cualquiera. Tu verdad. —Vale —dijo Conor—, pero dijiste que antes del final pasaría miedo, y eso no da nada de miedo. —Sabes que no es cierto —dijo el monstruo—. Sabes que tu verdad, esa verdad que escondes, Conor O’Malley, es lo que más miedo te da en el mundo.”

“¡He tenido tantos nombres como años tiene el tiempo!”

“—¿Que quién soy? —rugió de nuevo—. ¡Soy la espina dorsal que sostiene las montañas! ¡Soy las lágrimas que lloran los ríos! ¡Soy los pulmones que respiran el viento! ¡Soy el lobo que mata al gran ciervo, el gavilán que mata al ratón, la araña que mata a la mosca! ¡Soy el gran ciervo, el ratón, la mosca que son comidos! ¡Soy la serpiente del mundo que se devora la cola! ¡Soy todo lo que no está domesticado y no se puede domesticar!”

“Su abuela no era como otras abuelas”

“—Las historias son criaturas salvajes —dijo el monstruo—. Cuando las sueltas, ¿quién sabe los desastres que pueden causar?”

“—No lo entiendo. ¿Aquí quién es el bueno? —No siempre hay un bueno. Ni siempre hay un malo. Casi todo el mundo está en algún punto intermedio.”

“Pero te sorprenderá saber que también lo hizo para él mismo. —Las ramas del monstruo crujieron—. A veces la gente necesita mentirse a sí misma más que ninguna otra cosa.”

“Siempre hay que escuchar con escepticismo la justificación de los hombres que matan”

“Muchas cosas que son verdad parecen falsas. Los reinos tienen los príncipes que se merecen, las hijas de los granjeros mueren sin razón, y algunas veces las brujas son dignas de salvación. Muchas veces, la verdad sea dicha. Te sorprendería saber cuántas.”

“Así que al final dejó de acercarse a sus amigos, dejó de mirar cuando oía susurros, e incluso dejó de levantar la mano. Aunque al parecer nadie se dio cuenta. Era como si de repente se hubiese vuelto invisible.”

“Toda la estancia era como un museo de cómo vivía la gente antiguamente. Ni siquiera había televisión. Estaba en la cocina y casi nunca la encendían. Se puso a leer. ¿Qué otra cosa podía hacer?”

“—Pero ¿qué importaría la distancia si solo fuera un sueño? ¿Acaso un sueño no podría cruzar toda la ciudad andando? No si es tan viejo como la tierra y tan grande como el mundo…”

“La casa estaba en calma cuando entró. ¿Por qué no iba a ser así? Estaba solo.”

“Sintió que las gotas de sudor le surcaban la frente y que el pecho le ardía por el calor. (… casi como en la pesadilla, con esa fiebre que le hacía ver el contorno del mundo borroso y saliéndose de su eje, pero en ese momento el que mandaba era él, en ese momento la pesadilla era él…)”

“Los estadounidenses no tienen muchas vacaciones”

“Su padre soltó un largo suspiro, el tipo de suspiro que anunciaba malas noticias.”

“Se abrió un silencio tal en el coche que tuvieron la sensación de estar sentados en los extremos opuestos de un desfiladero.”

“Las aldeas se convirtieron en pueblos; los pueblos, en ciudades. Y la gente empezó a vivir sobre la tierra en vez de vivir en ella.”

“Gritaba tan fuerte que no podía oír sus propios pensamientos, perdido en aquel frenesí de destrucción, enceguecido, destrozando y destrozando y destrozando. El monstruo tenía razón, era muy gratificante. Conor gritó hasta que se quedó ronco, destrozó hasta que le dolían los brazos, rugió hasta casi quedar exhausto. Cuando por fin paró, vio que el monstruo lo miraba en silencio, lejos de los escombros. Conor jadeaba y se apoyaba en la rama para mantener el equilibrio. —Ahora sí —dijo el monstruo—, esto sí es una destrucción como Dios manda.”

“Era avaricioso y maleducado y estaba amargado, pero también era curandero. El párroco, sin embargo, ¿qué era? No era nada. La creencia es la mitad de toda curación. La creencia en la cura, la creencia en el futuro que nos espera. Y he aquí un hombre que vivía de la creencia, pero que la sacrificó a la primera de cambio, justo cuando más la necesitaba. Creía de un modo egoísta y temeroso. Y eso les costó la vida a sus hijas.”

“La destrucción es algo muy gratificante”

“Así que esperó solo, apoyado contra un muro de piedra, lejos de los otros chicos que chillaban y reían y miraban sus móviles como si nada malo pasara en el mundo, como si en la inmensidad del universo a ellos nunca pudiera pasarles nada.”

“Como si fuera invisible para el resto del mundo.”

“Pero sonreía. Era una sonrisa cansada, una sonrisa agotada, pero era una sonrisa.”

“No es demasiado tarde. Nunca es demasiado tarde.”

“«La creencia es la mitad de la curación.»”

“—Sí. Va a funcionar. —Hijo —dijo su padre inclinándose hacia delante—. Las historias no tienen siempre un final feliz. Eso lo desconcertó. Porque era verdad, no siempre acababan bien. El monstruo se lo había enseñado. Las historias eran criaturas salvajes, muy salvajes, y salían disparadas en la dirección que menos esperabas.”

“Casi no se atrevía a tener esperanzas. Casi no se atrevía a pensarlo. No.”
“—Tenemos que hablar, ¿no? —dijo Conor cuando se sentaron—. Últimamente todo el mundo quiere hablar conmigo.”

“—Fantástico —dijo Conor—, otra historia cuando están pasando cosas más importantes. —Las historias son importantes —dijo el monstruo—. Pueden ser más importantes que cualquier otra cosa. Si portan la verdad.”

“—No es que fuera de verdad invisible —dijo el monstruo siguiendo a Conor; el comedor parecía pequeño allí por donde pasaban—. Sino que la gente se había acostumbrado a no verlo.”

“Conor sintió que se le hundía el estómago, sintió que se le encogía todo el cuerpo bajo una tonelada de peso. Pero entonces se dio cuenta de que se le encogía porque le habían quitado el peso de encima. Lo anegaba el entendimiento, también el alivio, un alivio tan grande que casi lloró, allí”

“«Hay cosas peores que ser invisible», había dicho el monstruo, y tenía razón. Conor ya no era invisible. Ahora todos lo veían. Pero estaba más lejos que nunca.”

“Por increíble que pudiera parecer, el tiempo seguía pasando para el resto del mundo. El resto del mundo que no estaba a la espera.”

“Pasaron unos días. Luego unos días más. Era difícil saber cuántos exactamente. A Conor le parecían un único día grande y gris. Se levantaba por las mañanas y su abuela no hablaba con él, ni siquiera sobre la llamada de la directora. Iba al colegio y tampoco allí le hablaba nadie. Iba al hospital a ver a su madre, y estaba demasiado cansada para hablar con él. Su padre lo llamaba por teléfono, y no tenía nada que decirle.”

“La señorita Marl estaba devolviéndoles la redacción de «Escribir la vida». Al menos a todos los que tenían una vida.”

“Se le agolpaban las preguntas en la cabeza. Preguntas a las que no prestó atención.”

“Creerlo para que tú lo creyeras.”

“No pasó nada. Y que yo lo sabía. Yo lo sé, ¿vale? Sé todo lo que tienes que decirme sin necesidad de que lo digas en alto. ¿Vale?”

“—Ojalá me quedaran cien años —dijo con voz muy baja—. Cien años que darte.”

“Parecía vacío y extraño, aunque no hacía mucho que se habían ido. Se dio cuenta de que, posiblemente, ya nunca más sería su hogar.”

“Pero no fue capaz de decirlo. Ni siquiera ahora era capaz de decirlo. Ni aunque hubieran hablado. Ni aunque lo hubiera sabido todo el tiempo. Porque claro que lo sabía, claro que lo había sabido, por mucho que hubiera querido creer que no era verdad, claro que lo sabía. Pero aun así no podía decirlo.”

“—Es culpa mía —decía Conor—. Yo la solté. Es culpa mía. —No es culpa tuya —dijo el monstruo, y su voz flotaba en el aire que lo rodeaba como una brisa. —Sí lo es. —Solo querías que se acabara el dolor —dijo el monstruo—. Tu propio dolor. Acabar con tu aislamiento. Es el anhelo más humano que hay. —Yo no quería hacerlo —dijo Conor. —Querías —dijo el monstruo—, pero no querías.”

“—¿Cómo pueden ser verdad las dos cosas a la vez? —Porque los humanos son animales complicados —dijo el monstruo—. ¿Cómo puede una reina ser a la vez una bruja buena y una bruja mala? ¿Cómo puede un príncipe ser a la vez un asesino y un salvador? ¿Cómo puede un boticario tener un carácter del demonio pero ser recto en sus principios? ¿Cómo puede un párroco tener malos pensamientos y buen corazón? ¿Cómo es posible que los hombres invisibles estén más solos cuando consiguen que todo el mundo los vea? —No lo sé —dijo Conor encogiéndose de hombros, agotado—. Tus historias nunca tuvieron sentido para mí. —La respuesta es que no importa lo que pienses —dijo el monstruo—, porque la mente entrará en contradicción consigo misma cien veces al día. Querías que ella se fuera pero a la vez querías desesperadamente que yo la salvara. Tu mente se creerá las mentiras piadosas pero conoce también las verdades que duelen y que hacen que esas mentiras sean necesarias. Y tu mente te castigará por creer ambas cosas. —Pero ¿cómo luchas contra eso? —preguntó Conor con voz ronca—. ¿Cómo luchas contra tus contradicciones internas? —Diciendo la verdad —respondió el monstruo—, como tú acabas de hacer.

“—Porque estaba tan equivocado en lo que pensaba… —No es que fuera equivocado —dijo el monstruo—, es que solo era un pensamiento, uno entre un millón. No una acción.”

“Siempre he sabido que ella no saldría adelante, casi desde el principio. Me decía que estaba mejor porque eso era lo que yo quería oír. Y yo la creí. Solo que no la creía.”

“Y empecé a pensar en las ganas que tenía de que se acabara. En las ganas que tenía de dejar de pensar en ello. En lo insoportable que se me hacía ya la espera. No podía soportar lo solo que hacía que me sintiera.”

“La pena de Conor era algo físico, lo paralizaba como un cepo, le tensaba como si todo él fuera un solo músculo. Apenas podía respirar del agotamiento, y se dejó caer en la tierra de nuevo, deseando que se lo llevara de una vez por todas y para siempre.”

“—Tu vida no la escribes con palabras —dijo el monstruo—. La escribes con acciones. Lo que piensas no es importante. Lo único importante es lo que haces.”

“Pero sabía a qué se refería. Su madre era hija suya. Y su madre era la persona más importante para los dos. Eso era tener mucho en común. Era sin duda un punto de partida.”

“—Todo lo que tienes que hacer es decir la verdad —dijo el monstruo. —Me da miedo —dijo Conor.”

“Supo que de verdad no había vuelta atrás. Que iba a pasar, independientemente de lo que él quisiera, independientemente de lo que sintiera. Y supo también que lo iba a superar. Sería terrible. Mucho más que terrible. Pero sobreviviría.”